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Por qué es más fácil unir a la gente contra algo que a favor de algo

Por · AbyC

El enemigo común es el mecanismo por el que un grupo se cohesiona más rápido frente a una amenaza compartida que alrededor de un objetivo positivo. En 1954, el experimento de la Cueva de los Ladrones mostró que bastaban unos días de competencia para que dos grupos de niños normales se volvieran hostiles, y que reconciliarlos costó mucho más trabajo que enfrentarlos. En comunicación política funciona igual: es la palanca más rápida y la más cara de sostener.

En 1954, el psicólogo Muzafer Sherif llevó a veintidós niños de once años a un campamento en Oklahoma. Ninguno se conocía, todos venían de familias parecidas, y ninguno tenía nada en contra de nadie.

Los dividió en dos grupos y dejó que cada uno conviviera por su cuenta unos días. Después los puso a competir por premios.

En menos de una semana se insultaban, se robaban banderas y quemaban las del otro grupo. Niños normales, sin ninguna diferencia real entre ellos, separados por una línea que el propio experimento había inventado.

La parte que casi nunca se cuenta es la del final. Sherif intentó reconciliarlos poniéndolos juntos a comer y a ver películas, y no funcionó: solo servía para pelear en un lugar nuevo. Lo único que los unió fue darles un problema que ninguno podía resolver solo —arreglar el suministro de agua, sacar un camión atascado—.

Enfrentarlos tomó días. Reconciliarlos costó todo el campamento.

Por qué funciona tan rápido

Una propuesta positiva exige que mucha gente coincida en el detalle: qué se hace, en qué orden, con qué dinero. Cada punto es una oportunidad de desacuerdo.

Un adversario, en cambio, solo exige coincidir en el rechazo. Puedes estar en contra de lo mismo por diez razones distintas y seguir marchando juntos. Por eso sumar por oposición es más barato: no pide acuerdo, pide dirección.

A eso se añade que la identidad de grupo se define más nítido por contraste. "Nosotros" es una idea vaga hasta que aparece un "ellos".

Dónde se ve en campaña

En comunicación política, esta es la palanca que más rápido mueve intención. También la que más cobra intereses.

La cohesión dura lo que dura la amenaza. Un movimiento construido sobre un adversario se queda sin combustible cuando ese adversario pierde o desaparece. Y entonces empieza a buscar enemigos internos, que es como se fracturan las coaliciones que ganaron.

Sube el costo de gobernar. Es difícil negociar con alguien a quien pasaste seis meses describiendo como el problema. La narrativa de campaña se vuelve una restricción de gestión.

Y no se puede apagar a voluntad. Una vez que se activa la lógica de bando, la conversación deja de admitir matices. El propio equipo pierde margen para cambiar de posición sin que se lea como traición.

Lo mismo pasa con las marcas

La versión comercial es el posicionamiento contra una categoría: la marca que se define como lo contrario de las grandes, del producto industrial, de la agencia tradicional.

Funciona igual de rápido y falla igual: cuando la marca crece, se convierte en aquello contra lo que se definió, y su propia audiencia se lo cobra. Ha pasado con suficientes marcas como para no tomarlo como advertencia teórica.

Qué hacer con esto

No es que la oposición esté prohibida. Señalar un problema real —una práctica de la industria, una decisión concreta— es legítimo y muchas veces necesario.

La diferencia está en si detrás hay algo propio. Una campaña que solo tiene adversario no tiene proyecto, y eso se nota en el momento en que gana.

La prueba es simple: si mañana el adversario desapareciera, ¿qué quedaría de tu mensaje? Si la respuesta es "nada", lo que tienes no es una narrativa. Es una reacción.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el enemigo común en comunicación?
Es la estrategia de cohesionar a un grupo señalando una amenaza compartida. Funciona porque la identidad de grupo se define más rápido por oposición que por afinidad.

¿Por qué es más rápido que una propuesta positiva?
Porque una propuesta exige que todos coincidan en el detalle, y un adversario solo exige que todos coincidan en el rechazo. Sumar por rechazo es más barato.

¿Cuál es el riesgo de usarlo?
Que la cohesión dura lo que dura la amenaza. Cuando el adversario desaparece o pierde fuerza, el grupo se queda sin razón de ser y se fractura por dentro.

Sobre el autor: es fundador y CEO de AbyC, agencia de marketing con 7 años de experiencia asesorando marcas AAA y proyectos institucionales de comunicación estratégica en México y Latinoamérica.

¿Estás construyendo una campaña y quieres revisar la narrativa antes de salir?

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